Un día mágico


Queridos niños:

Voy a contaros una historia que me pasó. Era una mañana preciosa, el sol estaba radiante, y cogí a mis dos nietos que en ese momento estaban conmigo. Sabréis que tengo más nietos, pero como iba diciendo les dije “vamos a la playa”.

Cogimos nuestras cosas y empezamos a andar. No nos quedamos delante de la casa, nos fuimos a unas dunas para estar un poco resguardados. Queridos niños, sabréis qué son las dunas. Son montañas de arena que el viento mueve. Perdonad que me salí de la historia. Nos sentamos a mirar al mar.


Cuál fue nuestra sorpresa al ver unos camellos. No era uno ni dos, eran 10, uno detrás de otro y el camellero delante. Nos quedamos admirados de ver esos animales tan grandes y extraños y me levantéy me fui hacia ellos y le pregunté al camellero. El hombre me dio muchas explicaciones, que eran dóciles, que tienen mucha resistencia y que beben 150 litros de agua de un trago. Los niños alucinaban. Yo no quería que los tocaran pero me dijo el hombre que no daba alergia. Nos dijo que montáramos.

Yo tenía un poco de miedo. Los niños dijeron que se querían montar y así lo hicimos. Mario en el centro, Lucía a un lado y yo en otro. Como yo pesaba mucho tuvimos que poner una cántara para que fuera igualado.

Empezamos a andar y estábamos muy contentos. Eran muy cómodos y con el traqueteo parecía que estábamos en un balancín. Estábamos tan contentos que parecía que volábamos. Cuando de pronto se cayó una rama de un árbol y el pobre camello se asustó y empezó a correr. Por más que Mario le decía que se calmase, él corría.

Estuvimos más de una hora corriendo y de pronto se paró. Era como un oasis, había un lago y palemeras. El camello se echó y pudimos bajarnos. Estábamos un poco asustados porque se estaba haciendo de noche y no sabíamos dónde estábamos.

El camello empezó a comer unos cuantos dátiles que había en el suelo. Yo cogí unos cuantos y comimos. El camello se tumbo y nosotros con unas mantas hicimos como una cabaña y nos dejamos caer sobre el camello; estábamos más calentitos.

Y así pasamos la noche. Conté muchas historias de caballeros y princesas hasta que se quedaron dormidos. Al amanecer sentí un ruido y miré y era un helicóptero. Hicimos señas con las linternas y nos recogieron y nos llevaron a casa.

Así termina nuestra aventura.

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