El Miedo y las patatas

Era día de fiesta no tenía colegio.  Cerca de su casa había un parque con unos canales dónde los niños jugaban.  Jaime tenía un barquito teledirigido que subía y bajaba el canal y así pasaban las horas hasta el momento de irse a casa. 

Cuando llego a su puerta unos hombres descargaban unos enorme sacos de patatas. Eran tan grandes que el vio como lo metía en la despensa de su casa.  Jaime le daba miedo pasar por la puerta.   La despensa era muy grande y oscura solo tenía una pequeña ventana para que entrara el aire.  

Siempre que pasaba se encojía de miedo.  Los sacos los pusieron dejado caer en la pared y cuando miraba por la rendija de la puerta parecían hombres. Y el miedo lo paralizaba.  El ruido que sale de la despensa cuando llega la noche en su habitación no lo dejaba dormir.   Y se tapaba la cabeza con las sábanas.   Ya lo habia comentado a sus papás. Pero no lo creían y le decían que era su imaginación. 

La mama le dio un besos para que no tuviera miedo. Esa noche el ruido era insoportable.  Y se preguntaba cómo no lo escuchaba nadie de la casa.   Y armándose de valor poniéndose una manta en la cabeza, se acercó. Y con mucho cuidado miro por la abertura de la puerta. Se sentó de culo del miedo al ver que las patatas se salieron del sacó. Y una detrás de otra, en formación, y una grande y gorda era el sargento. 

Jaime quiso entrar para jugar con ellas.  Ya no tenía miedo. Y se fue a su cama más tranquilo y durmió toda la noche.   

La Abuela de los cuentos.  
Moraleja no hay que tener miedo. Solo eran patatas

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